La ecografía es una prueba de imagen que utiliza ondas de ultrasonido para ver el interior del cuerpo en tiempo real, sin radiación ionizante. Se emplea para valorar órganos, tejidos y vasos sanguíneos, y ayuda a orientar diagnósticos, controlar la evolución de una lesión o guiar procedimientos. Qué es una ecografía y qué puede detectar depende de la zona explorada y del tipo de ecografía realizada.
Qué es una ecografía y cómo funciona
Una ecografía (o ultrasonido) se realiza con un transductor que emite ondas sonoras de alta frecuencia. Estas ondas rebotan en los tejidos y regresan al transductor; el equipo interpreta esos ecos y los convierte en imágenes.
Su gran ventaja es que permite observar movimiento (por ejemplo, el latido cardíaco o el flujo sanguíneo) y, en muchas exploraciones, no requiere preparación compleja.
Qué se siente durante la prueba
En la mayoría de casos, la ecografía es indolora. Puede notarse presión si el profesional necesita “apretar” para mejorar la visión, especialmente en zonas con dolor o inflamación. En ecografías internas (como la transvaginal) puede haber una ligera molestia, pero suele ser tolerable.
Tipos de ecografía más habituales
No todas las ecografías son iguales. La técnica y el objetivo cambian según el órgano, la edad y la sospecha clínica.
Ecografía abdominal: qué puede detectar
La ecografía abdominal es de las más solicitadas. Se utiliza para revisar hígado, vesícula, páncreas, bazo, riñones, vejiga y grandes vasos.
Puede ayudar a detectar:
- Cálculos biliares y signos de inflamación de la vesícula.
- Quistes, masas o cambios de tamaño en órganos abdominales.
- Dilatación de vías urinarias, cálculos renales o alteraciones de la vejiga.
- Líquido libre en el abdomen en determinados contextos clínicos.
Preparación frecuente
En muchas ecografías abdominales se pide ayuno y, a veces, beber agua para llenar la vejiga (según la zona). La preparación mejora la calidad de imagen.

Ecografía obstétrica y ginecológica: qué puede detectar
En embarazo, la ecografía es clave para valorar el desarrollo fetal, la placenta y el líquido amniótico. En ginecología, se usa para revisar útero y ovarios.
Puede ayudar a detectar:
- Evolución del embarazo, latido fetal y estimación de edad gestacional.
- Alteraciones en el útero (por ejemplo, miomas) u ovarios (por ejemplo, quistes).
- Posición de dispositivos intrauterinos cuando se requiere comprobarla.
Ecografía de tiroides y cuello: qué puede detectar
La ecografía cervical se utiliza para estudiar la tiroides, ganglios y otras estructuras del cuello.
Puede ayudar a detectar:
- Nódulos tiroideos y sus características de imagen.
- Cambios en el tamaño o estructura de la glándula.
- Ganglios aumentados de tamaño o con aspecto anormal.
Ecografía musculoesquelética: qué puede detectar
Muy útil en traumatología y fisioterapia, ya que evalúa tejidos blandos: tendones, músculos, ligamentos y bolsas sinoviales.
Puede ayudar a detectar:
- Roturas o desgarros musculares.
- Tendinitis, roturas tendinosas y calcificaciones.
- Bursitis y derrames articulares superficiales.
- Lesiones en partes blandas tras un golpe.
Ecografía doppler: qué puede detectar en vasos sanguíneos
El doppler mide el flujo de sangre. Se usa en arterias y venas para estudiar circulación y posibles obstrucciones.
Puede ayudar a detectar:
- Trombosis venosa (según la localización y el contexto).
- Insuficiencia venosa y alteraciones del retorno venoso.
- Estenosis u obstrucciones arteriales y cambios de velocidad de flujo.
- Problemas de riego en determinadas zonas.
Ecografía cardiaca (ecocardiograma): qué puede detectar
El ecocardiograma es una ecografía del corazón. Permite ver cavidades, válvulas y la contracción cardíaca.
Puede ayudar a detectar:
- Alteraciones en válvulas (estenosis o insuficiencia valvular).
- Cambios en el tamaño de cavidades o en la función de bombeo.
- Derrame pericárdico en determinados casos.
- Alteraciones del movimiento de las paredes del corazón.

Qué NO puede detectar una ecografía (o cuándo tiene límites)
Aunque es muy útil, tiene limitaciones. No siempre es la mejor prueba para todas las situaciones.
Limitaciones típicas:
- El gas intestinal puede dificultar la visión en abdomen.
- El hueso bloquea las ondas: la ecografía no “ve” a través del cráneo o estructuras óseas densas.
- En algunas zonas profundas o con mucho tejido adiposo, la definición puede disminuir.
- Determinadas lesiones pequeñas o muy específicas pueden requerir otras pruebas de imagen.
En estos casos, el profesional puede complementar con otras técnicas según el motivo de consulta.
Cuándo se recomienda una ecografía
Se solicita por múltiples motivos: dolor localizado, bultos, inflamación, sospecha de cálculos, control de una lesión, estudio vascular, o seguimiento de un hallazgo previo.
Se usa también para guiar procedimientos como:
- Punciones y aspiraciones.
- Infiltraciones.
- Biopsias en tejidos accesibles.
Resultados: cómo interpretarlos sin alarmarse
El informe describe hallazgos y concluye si se observa algo relevante o si el estudio es normal. Un “hallazgo” no siempre significa enfermedad grave: a veces son variantes benignas o cambios que solo requieren control. Lo importante es integrar el resultado con síntomas, exploración física y antecedentes.
Para entender mejor el informe, suele ayudar:
- Pedir al médico que relacione el hallazgo con tus síntomas.
- Preguntar si hace falta seguimiento y en qué plazo.
- Confirmar si se recomienda otra prueba o tratamiento.
Cómo prepararte para una ecografía según la zona
La preparación cambia, pero estas pautas son frecuentes:
- Abdomen superior: ayuno para reducir gas y mejorar visión.
- Pelvis/vejiga: beber agua para llenar vejiga si lo indican.
- Partes blandas: generalmente sin preparación.
- Doppler vascular: suele ser sin preparación, salvo casos específicos.
Si tienes dudas, conviene seguir las instrucciones del centro, ya que una preparación incorrecta puede hacer que la imagen sea menos clara.

