Ante un bulto en el pecho o una revisión, es habitual dudar entre ecografía mamaria o mamografía. No son pruebas intercambiables: la mamografía usa rayos X a dosis bajas y es la base del cribado; la ecografía usa ultrasonidos y es la prueba de elección en mujeres jóvenes y para aclarar hallazgos. En muchos casos se hacen las dos. Aquí tienes en qué se diferencian y cuándo se indica cada una.
Diferencias principales entre ecografía mamaria y mamografía
- Técnica: la mamografía es una radiografía de la mama comprimida entre dos placas; la ecografía usa una sonda con gel sobre la piel.
- Radiación: la mamografía emite una dosis baja de rayos X; la ecografía no emite radiación.
- Molestias: la compresión de la mamografía puede ser incómoda unos segundos; la ecografía no molesta.
- Puntos fuertes de la mamografía: detecta microcalcificaciones, que pueden ser el primer signo de algunos cánceres, y ofrece una visión completa de ambas mamas.
- Puntos fuertes de la ecografía: distingue si un nódulo es un quiste (líquido) o sólido, funciona bien en mamas densas y permite guiar punciones y biopsias.
Cuándo se hace una mamografía
- Cribado de cáncer de mama: los programas públicos invitan, por lo general, a mujeres de 50 a 69 años cada dos años, aunque no tengan síntomas.
- Síntomas en mujeres a partir de 35-40 años: bulto, cambios en la piel o el pezón, secreción.
- Riesgo elevado por antecedentes familiares o genéticos, con el calendario que marque el especialista.
- Seguimiento tras un tratamiento de cáncer de mama.
Cuándo se pide una ecografía mamaria
- Mujeres menores de 35-40 años con síntomas: suele ser la primera prueba, porque el tejido mamario joven es más denso y la mamografía ve peor.
- Embarazo y lactancia, cuando se prefiere evitar la radiación.
- Para aclarar un hallazgo de la mamografía: comprobar si una imagen es un quiste o un nódulo sólido.
- Mamas densas, como complemento de la mamografía.
- Dolor localizado, inflamación o sospecha de mastitis o absceso.
- Revisión de los ganglios de la axila.
- Control de nódulos benignos ya conocidos, como fibroadenomas.
- Bultos en el pecho en hombres, para diferenciar ginecomastia de otras lesiones.
Por qué a veces piden las dos pruebas
Mamografía y ecografía se complementan. Es frecuente hacer ambas cuando:
- La mamografía detecta una imagen que hay que caracterizar.
- La mama es densa y la mamografía sola puede ocultar lesiones.
- Hay un bulto palpable en una mujer de más de 40 años.
Que te pidan una ecografía después de la mamografía no significa que haya algo grave: en la mayoría de casos sirve para confirmar que el hallazgo es benigno.
Qué es la mama densa
Una mama densa tiene más tejido glandular y fibroso que grasa. Es normal, sobre todo en mujeres jóvenes, pero en la mamografía ese tejido se ve blanco, igual que muchas lesiones, y puede enmascararlas. Por eso, si el informe de mamografía indica densidad alta, el médico puede recomendar completar con ecografía.
Cómo leer el informe: la clasificación BI-RADS
Tanto la ecografía como la mamografía se informan con la escala BI-RADS:
- BI-RADS 0: estudio incompleto, hace falta otra prueba.
- BI-RADS 1: normal.
- BI-RADS 2: hallazgo benigno (quistes simples, fibroadenomas conocidos).
- BI-RADS 3: probablemente benigno; se recomienda control en unos meses.
- BI-RADS 4 y 5: sospechoso; se recomienda biopsia.
- BI-RADS 6: cáncer ya confirmado por biopsia.
Cómo es una ecografía mamaria y cómo prepararse
- No requiere ayuno ni preparación especial.
- Si tienes reglas, suele resultar más cómoda en los días posteriores a la menstruación, cuando la mama está menos sensible.
- Te tumbas boca arriba con el brazo detrás de la cabeza; se aplica gel y se recorren ambas mamas y las axilas.
- Dura en torno a 15-20 minutos.
- Lleva mamografías y ecografías anteriores: la comparación es una parte esencial del diagnóstico.
Si quieres saber más sobre la técnica en general, tienes una guía sobre qué es una ecografía y qué puede detectar.
Señales para pedir cita sin esperar a la revisión
- Un bulto nuevo en la mama o en la axila.
- Hundimiento o retracción del pezón que antes no existía.
- Secreción por el pezón, sobre todo si es sanguinolenta o de una sola mama.
- Piel enrojecida, engrosada o con aspecto de «piel de naranja».
- Cambio en la forma o el tamaño de una mama.
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